Torre de Mangana, vigía ancestral de Cuenca

Torre de Mangana de Cuenca

 

Muy pocos espacios del casco antiguo de la ciudad ofrecen al visitante tantos vestigios de la historia de Cuenca como la plaza que alberga la torre de Mangana y sus aledaños. Las obras que se iniciaron en 1999 para restaurar este espacio sacaron a la luz restos de varios siglos de historia que permanecían ocultos a los pies de uno de los símbolos de la ciudad, la torre de Mangana.

En esta zona se situó el alcázar árabe y fue posteriormente lugar de asentamiento del barrio judío. Sobre la antigua sinagoga, se levantó en el siglo XV una iglesia cristiana bajo la advocación de Santa María. Con el tiempo, la nobleza y el clero fueron abandonando la zona hasta que, a comienzos del siglo XX, acabó por derribarse la iglesia.

Hoy, tras 17 años de obras, la plaza de Mangana luce con un nuevo esplendor desde el pasado mes de marzo. Los trabajos han puesto en valor los restos arqueológicos que conviven en armonía con la torre, el monumento a la Constitución y diversos espacios para el uso y disfrute de vecinos y visitantes.

 

Torre y plaza de Mangana Cuenca

 

La torre de Mangana

En la plaza se sitúa uno de los símbolos de la ciudad, la torre de Mangana. Hay quien sostiene que pudo ser una de las torres del antiguo alcázar, pero lo que sí que podemos afirmar es que la original poco tenía que ver con la que contemplamos en la actualidad.

Según consta en el anexo que acompaña a la resolución por la que se incoa el expediente para declararla bien de interés cultural, se tiene constancia de la construcción original, de planta cuadrada, gracias a un dibujo del Antón Wyngaerde fechado en 1565. Por entonces, la edificación estaba rematada por una cruz y una veleta de hierro sobre un chapitel recubierto de hojalata.

En lo siglos posteriores, se sometió a distintas intervenciones para subsanar diversos daños. Especial relevancia tuvieron los trabajos acometidos por el arquitecto Mateo López tras la caída de un rayo a finales del siglo XVIII y la invasión francesa a principios del XIX.

En 1926, la fisonomía de la torre cambiaría notablemente como consecuencia de la reforma llevada a cabo por Fernando Alcántara. Se eliminó el chapitel y su lugar se ocupó con un cuerpo de campanas, de planta cuadrada, que se cubrió con un cupulín. Además, las paredes fueron revestidas con una “decoración rica y colorista inspirada en motivos islámicos”. En la parte superior, “las almenas escalonadas que remataban la torre nos remiten a la mezquita cordobesa”. Con todo, la nueva torre se encasillaba dentro del estilo neomudéjar.

En 1970, fue objeto de una nueva reforma siguiendo el proyecto de Víctor Caballero. Esta intervención supuso “encastillar la torre”, dándole un carácter fortificado. La construcción se dotó de un matacán y se remató sin tejado. Esta es la imagen que conserva en nuestros días.

Desde tiempos remotos, la torre de Mangana ha estado íntimamente relacionada con la vida de la ciudad. Antiguamente, avisaba de la llegada del enemigo, de los incendios, de los días de fiesta y también de los entierros de los  personajes ilustres. Hoy, Mangana marca las horas de la ciudad, recordando con sus serranillas el inexorable paso del tiempo.

 

Monumento a la Constitución

Junto a tantos vestigios del pasado, el 6 de diciembre de 1986, se inauguró en la plaza de Mangana el Monumento a la Constitución, una moderna escultura obra del conquense Gustavo Torner, uno de los promotores del Museo de Arte Abstracto de Cuenca.

Según recogió el diario El País en su edición del día siguiente, el artista explicó que el “conjunto escultórico, integrado por una estructura de hierro de forma trapezoidal con un cubo brillante en el centro que pende en el aire sujeto por tirantes de acero” viene a representar “los diálogos de los políticos en el Parlamento intentando ejercer su influencia dentro del sistema democrático”.

 

Historia y modernidad se dan la mano en la nueva plaza de Mangana, conformando, además, un amplio y privilegiado balcón con unas extraordinarias vistas a la zona moderna de la ciudad y a los encantos naturales de la hoz del río Júcar.

Os dejamos unas imágenes de esta zona de Cuenca que no debéis dejar de visitar.

 

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